Estimados alumnos, colegas y lectores, este blog fue creado con la intencion de ser un punto de encuentro para las personas que esten interesadas en conocer y disfrutar del rico Patrimonio Cultural de Salta. Espero que sea de su agrado y que participen con sus comentarios.
domingo, 19 de mayo de 2019
jueves, 25 de abril de 2019
lunes, 4 de marzo de 2019
las mujeres de la Revolución
Las Mujeres de la Independencia
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Resumen de un escrito de Bernardo Frías
En 1813 el Brigadier Joaquín de La Pezuela, con todas sus fuerzas en Salta y su cuartel general en Jujuy, se encontraba como clavado y sujeto en aquellas dos plazas sin poder dar paso, ni tener descanso sus fatigas, ni poseer medios y recursos para nutrir sus hombres que iban acabándose en un diario reñir con el hambre, en efecto, comenzaba a hacerse sentir de modo alarmante, y a desconsolar a su gente, las enfermedades mermaban sus tropas y el pánico que hora por hora iba apoderándose de ellas con esta guerra extraordinaria y nunca vista que se les hacían.
Empeoró más la situación de Pezuela, el hecho que las mujeres, las cuales tenían a sus familiares sirviendo en el ejército patriota, se convirtieran en espías constantes. Con un sistema organizado de información interior y de comunicación con los sitiadores de la plaza. Las principales de ellas se habían quedado deliberadamente en la ciudad, desafiando todos los peligros y todas las penalidades que eran propias de una ciudad sitiada, a fin de practicar el espionaje en el mismo cuartel enemigo.
Este arriesgado oficio que era la ruina y destrucción de Pezuela, se realizó con un fanatismo extraordinario y sorprendente.
Este arriesgado oficio que era la ruina y destrucción de Pezuela, se realizó con un fanatismo extraordinario y sorprendente.
Contábanse estas mujeres en todos los rangos sociales; hallándose en la intriga desde la negra esclava hasta la matrona de mas alcurnia. Hacían parte del grupo principal doña Juana Moro de López; doña Celedonia Pacheco y Melo, mujer hermosa, y notable á la vez por sus enormes y largas orejas; doña Magdalena Güemes; doña María Sanchez Loreto Peón; doña Juana Torino, doña María Petrona Arias, joven muy de a caballo, a quien llamaban la China, quien se encargaba de llevar correspondencia secreta; doña Martina Silva de Gurruchaga; y doña Andrea Zenarrusa, mujer de Uriondo al mismo tiempo que ésta, figuraba doña Toribia la Linda, llamada así por su espléndida belleza.
Estas señoras, que constituían lo descollante en el grupo de las patriotas exaltadas, corriendo con ellas estaba un abundante número de las mujeres de la plebe que se habían constituido en espías puntuales y vigilantes "para trasmitir -decía el mismo Pezuela -las ocurrencias más diminutas del ejército real para atizar la anarquía”.
No había reunión, ni visita, ni parte emanado del ejercito, o con las familias realistas de su confianza y amistad donde no se infiltrara su espíritu minador y atrevido, tratando de robar los secretos y dar las alarmas necesarias, llegando al extremo de entrar en pendencia de amores, aunque con la discreción necesaria si eran gente de calidad, para seducir oficiales; y si lo eran de la plebe, para hacer desertar soldados realistas.
Fue resultado de todo esto que se adueñaran de los planes y acuerdos del enemigo, estaban al tanto de lo que pensaba hasta en su lecho el general. Así sus avisos partían sobre verdad sabida y averiguada.
Sospechada fue doña Juana Moro de espionaje. No se le hallaron pruebas y jactábase ella, después de la guerra, por la habilidad que supo emplear en todas las invasiones que ocurrieron de no haber sido jamás descubierta.
En una oportunidad, sin embargo, los españoles con sospechas vehementes de su conducta, determinaron incomunicarla, mas de tal manera, que le fuera con ello la vida: emparedándonla en su propia casa, cerrándole con muralla la puerta de salida, á fin de que así quedara más segura y pereciera de hambre. La familia colindante, dolida de su suerte, horadó la pared medianera, favoreció por allí sus necesidades y le salvó la vida.
Otras ocasiones hubo así en esta época, como luego en las invasiones subsiguientes, en que bajo el disfraz de gaucho joven e inocente, penetraba en las plazas de Jujuy y Orán, ocupadas por el enemigo, llevando partes y trayendo nuevas.
Muchas veces estas mujeres solían dar esperanzas amorosas mostrándose coquetas, pero mostrando sus dotes distinguidos para no pasar de los límites permitidos. Con estas artimañas sabían arrancar cuanto secreto militar guardaban los españoles en la plaza.
Cosa igual practicaba doña María Loreto Sánchez Peón de Frías. Era también esta señora de las que corrían de Salta a Jujuy, y de Jujuy a Orán, empleando para ello los mil recursos de su vivísimo ingenio, y llevando ocultos los papeles de comunicaciones en el ruedo de su pollera. En Salta, vio que era de necesidad una comunicación casi diaria de las ocurrencias de la plaza: y para que resultase fácil y más segura, se ideó establecer una estafeta ingeniosa. Fue el caso que, de acuerdo con los sitiadores, en el tronco de un árbol corpulento que crecía en la ribera del río de Arias en las afueras de la ciudad, se abrió un espacio lo suficiente como para introducir la mano en la cavidad, á manera de buzón, la cual quedaba invisible cubierta con la tapa que se le formó con la misma corteza. Era costumbre por entonces enviar las criadas al río para el lavado de la ropa o para conducir el agua para el servicio doméstico. Pues estas criadas, fieles con amor a sus señoras y entusiastas patriotas, conducían con la ropa los papeles de la correspondencia, los cuales eran echados en e1 árbol sin ser vistas. El jefe patriota Burela, que tenía su gancho instruído en el secreto, recogíalos con idéntica solicitud, y colocaba allí los de su lado para sus averiguaciones. que las mismas criadas introducían luego a la ciudad.
Doña María Loreto Sánchez Peón de Frías
Ocurrió en una oportunidad que era necesario conocer el número de tropas con que contaba el enemigo en Jujuy. Entonces, una mujer de talla elevada, de formas finas, de cabello castaño y ojos azules, de un cutis blanco apagado, vestida con traje de gente humilde y menesterosa aparecía por las calles de Jujuy, haciendo de viandera. Llevaba sentada sobre la cabeza un gran cesta cargada de pan, fabricación de sus propias manos. Con ella penetraba holgadamente a los cuarteles del rey, buscando siempre de hacerlo a plena vista, y sufriendo con risa y buen humor las chanzas y las insolencias de la soldadesca. Esa mujer era doña Loreto Peón, que iba tomar cuenta y razón de las fuerzas de Pezuela o de La Serna. No siendo diestra en contar, y para no ser interrumpida, llevaba en el bolsillo de la pollera porción conveniente de maíz que tal era el sistema de contabilidad que usaban por entonces las mujeres y dos bolsitas vacías y colgadas en la cintura. Sentada allí con su pan en el patio del cuartel, iba hechando un maíz a la bolsa derecha a los que cantaban presente y en la izquierda a los ausentes. Lograba de esta manera saber el número exacto de enemigos existentes en aquella plaza como así también los que caían o desertaban; operación que repetía cada vez que llegaban refuerzos del Perú, comunicando luego el resultado al jefe patriota de Salta.
Su pasión por la patria queda con todo esto pintada en la historia como una de las mujeres mas audaces y valientes. Llegó a vivir hasta los ciento cinco años de edad, y hasta sus últimos días aun se prendía en el peinado, totalmente blanco, los moños celestes de la patria, fue de este modo como ella, la última que ostentara aquellos distintivos de guerra que caracterizaron por largos años la pasión política en Salta, mereciendo que algunos de sus conciudadanos le dieran el nombre de madre de la patria.
FUENTE: portaldesalta.gov.ar
ACTA FUNDACIONAL
ACTA
DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SALTA
ABRIL
16 DE 1582
En este valle de Salta a los 16 días del mes de
Abril de 1582, estando su Señoría el Ilustre Señor Licenciado Hernando de
Lerma, Gobernador y Justicia Mayor de estas Provincias de Tucumán y sus
dependencias, habiendo venido a este asiento para poblar en nombre de S. M. una
Ciudad, y estando Su Señoría el Señor Gobernador en el dicho Asiento, en
presencia de todo su campo, capitanes y soldados, dijo: que por cuanto es
notorio en esta Gobernación y Provincias del Tucumán, Su Señoría el Señor
Gobernador ha venido a éste dicho valle y asiento con campo formado y gente de
guerra, a la conquista de los naturales de este valle de Salta, Jujuy,
Calchaquí, Pulares, Cochinoca, Omahuaca é todos los demás circunvecinos e
Comarcanos, que son de guerra e revelados contra el servicio de S. M.; é para
poblar en su real nombre una ciudad e pueblo de Españoles, para que su real
corona vaya en acresentamiento, y los dichos naturales vivan en política e
tengan doctrina e reconocimiento de la palabra del Santo Evangelio, e cosas de
nuestra santa fe católica, e reciban el Sacramento del Santo Bautismo; e cesen
los robos, muertes e daños que hasta ahora han hecho e cometido impidiendo los
pasos de caminos é otros muchos inconvenientes de notable daño e perjuicios
para esta Gobernación: especialmente por estar los caminos de guerra, para dar
aviso a S. M. y a sus reales audiencias del Estado de esta tierra; es necesario
armada y junta de gente; así mismo para que vaya en escolta y guarda de las
mercaderías de tierra que salen al Perú, que es de mucha carga y molestia para
los vecinos de estas provincias que acostumbran salir y salen con ellas 30 y 40
leguas para asegurar los pasos, además de la perdición de los naturales que
están de paz e servidumbre, que van así mismo para su despacho y aviamiento,
que no vuelven a su natural, por cuya causa é haberse quedado mucha cantidad de
ellos en las provincias del Perú, ha venido é cada día viene esta gobernación
en gran disminución. Y finalmente no se puede tratar ni contratar libremente de
estas provincias con las del Perú y todo cesa y para, con esta población. Y
habiendo S. S. el Señor Gobernador llegado a este dicho valle é visto
curiosamente con sus Capitanes e vecinos e soldados de estas Provincias que
trae en su compañía e debajo de su bandera, que seria el lugar e parte más
cómoda e conveniente e mejor asiento de este dicho valle para poblar la dicha
ciudad; ha parecido a todos los que en compañía de S. S. le vieron e pasearon
unánimes e conformes, ser este en donde al presente S. S. el Sr. Gobernador
está e todo su campo, el sitio más cómodo e conveniente e mejor asiento para
asentar e poblar esta dicha ciudad; así por la mucha abundancia de tierras
fértiles para estancias e sementeras, pastos, viñas e huertas de recreo que
parece tener, como por estar entre dos ríos, el uno llamado de los Sauces y el
otro de Ciancas, y prometer otras muchas buenas esperanzas. Por tanto, su
señoría el dicho Sr. Gobernador, conformándose con el dicho parecer mandó hacer
e se hizo un hoyo en este dicho asiento, donde cerca de él estaba un palo
puesto y dijo: Que en nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, e de la gloriosísima
Virgen su vendita Madre, e del Apóstol Santiago, luz y espejo de las Españas y
en nombre de S. M. el Sr. Rey Felipe II como su Gobernador e capitán General
justicia Mayor de estas dichas provincias del Tucumán; como leal criado y
vasallo suyo é por virtud de sus reales poderes e instrucciones mandaba e
mandó, poner e se puso el dicho palo, por Picota en el dicho hoyo que así está
hecho e acostumbrado hacer en las demás ciudades de estas Provincias, Reinos e
Señoríos de S. M. en su real nombre, con .mero e misto imperio y entera
jurisdicción. Donde dijo: que señalaba e señaló que fuese la Plaza Pública de
esta dicha Ciudad, y el medio de la cuadra de dicha Plaza, y que de hoy en
adelante para siempre jamás se nombre e llame esta dicha ciudad, la ciudad de
Lerma en el Valle de Salta Provincia del Tucumán, e que así se ponga en todos
los autos y escrituras que se ofrecieren; y el campo entre los dos ríos dichos
se nombre el CAMPO DE TABLADA: e que en dicho Rollo o Picota se ejecute
justicia públicamente contra los delincuentes y malhechores; e ninguna persona
sea osada de lo quitar, mudar ni remover del dicho lugar, bajo las penas en
derecho, pracmáticas e leyes del Reino establecidas contra los que lo contrario
hicieren. E mandaba e mandó sea el nombre e advocación de la Iglesia Mayor de
esta Ciudad, cuyo sitio quedaba señalado en la traza de ella la Resurrección,
por cuanto hoy dicho día, segundo de Pascua de Resurrección se ha fundado y
establecido esta dicha Ciudad. Y estando S.S. el Sr. Gobernador en este dicho
acto, hecho mano a su espada, y haciendo las ceremonias acostumbradas, dio
tajos y reveses y dijo en voz alta: si había alguna persona que contradijese el
dicho asiento e fundación ? E no hubo contradicción. Todo lo cual dicho era por
mandato de su Señoría el Sr. Gobernador se leyó e pregonó en alta e inteligible
voz por Rodrigo de Carmona, Pregonero- Y en señal de posesión, en nombre de S.
M. se dispararon arcabuces, e tocaron trompetas, tambores e cajas. Siendo
testigos que se hallaron presentes el Reverendísimo Señor Obispo D. Fray
Francisco de la Victoria de estas Provincias, é Don Francisco de Salcedo, Deán
de la Catedral de Santiago del Estero, de estas Provincias, e Don Pedro Pedrero
de Trero, chantre de dicha Santa Iglesia, e Fray Nicolás Gómez, Comendador de
la Orden de Nuestra Señora de las Mercedes, de estas Provincias, é Fray
Bartolomé de la Cruz, de la Orden de San Francisco, e los Capitanes Lorenzo
Rodríguez, Bartolomé Valere, Juan Pérez Moreno, Alonso Abal, Juan Rodríguez
Pinoco, Gerónimo García de la Jarra, e otros vecinos, soldados e caballeros que
presentes se hallaron en esta Gobernación. Y como así pasó su Señoría el Sr.
Gobernador pidió testimonio a mí el presente Escribano para informar a S. M. e
a su Virrey del Perú e Reales Audiencias, y firmó de su nombre- El Licenciado
Hernando de Lerma-
Por ante mí, Rodrigo Pereira.-
ANTECEDENTES DE LA FUNDACIÓN DE SALTA
La Fundación de Salta
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Por Rafael Gutierrez
LUGAR INSALUBRE
En
una reunión celebrada el 6 de abril de 1587 se trató la necesidad de
trasladar la ciudad a un emplazamiento menos insalubre, ya que el sitio
estaba sitiado de ciénagas o pantanos, que el fundador había considerado de
importancia estratégica para la defensa de la población, ya que funcionaban a
manera de fosos que facilitaban contener el ataque de los indígenas que
asediaban la ciudad permanentemente.
El
tema del traslado fue tratado nuevamente en el Cabildo Abierto de 18 de marzo
de 1588, proponiéndose como nueva locación las costas del río Vaqueros,
sin embargo no se hizo lugar a la moción porque el río no tenía un caudal
permanente todo el año y amenazaba con dejar a los pobladores sin agua
durante el invierno.
Finalmente prevaleció la actitud de conservar el emplazamiento ordenado por
Lerma y tratar de mejorarlo con trabajos de ingeniería.
LA CAÍDA DEL DÉSPOTA
La
ciudad de Lerma se encontró durante mucho tiempo sin asistencia espiritual
porque la actitud de su fundador enfrentándose con los clérigos ocasionó que
ningún religioso quisiera aventurarse por sus dominios.
Cuando estuvieron designados Fray Francisco Vázquez y Francisco Solís como
administradores de la Catedral, sus prédicas molestaron al Licenciado de
Lerma, quien comenzó a amenazarlos, a tal punto que los feligreses temían
entrar a la iglesia. No conforme con ello mandó prenderlos, pero los clérigos
se refugiaron en la Catedral acogiéndose al seguro de asilo. Por lo que el
Gobernador se ensañó con los amigos de los sacerdotes dándoles cárcel.
Finalmente las quejas llegaron a la Audiencia de Charcas, autoridad por
encima de la gobernación del Tucumán que designó el 6 de noviembre de 1583 al
Capitán Francisco Arévalo Briceño alguacil mayor de la Real Audiencia para
que se encargara de atender las denuncias y en 1584 detuvo en Santiago del
Estero al Licenciado Hernando de Lerma. El pueblo manifestó públicamente su
regocijo cuando el déspota fue detenido y procesado.
El
juicio fue iniciado en Chuquisaca, pero el Licenciado apeló al Real Supremo
Consejo de Indias y fue a dar a Madrid, donde fue encarcelado y murió muy
pobre antes de recibir la última sentencia definitiva en su causa.
El
gobierno quedó interinamente a cargo del Capitán Alonso de Cepeda, quien se
mantuvo en el cargo hasta 1586 cuando asumió el nuevo gobernador designado
por el rey, Juan Ramírez de Velasco.
En
1587, luego de cinco años sin la asistencia de los Sacramentos, la ciudad de
Lerma recibió al Licenciado Pedro López de Barrasa para que se hiciese cargo
de la Catedral y del consuelo espiritual de los salteños.
EL NOMBRE DE SALTA
Debido a los procederes del Gobernador del Tucumán y Fundador de Salta, sus
contemporáneos juzgaron que lo único bueno que había hecho fue acatar la
orden del Virrey Toledo de fundar una nueva ciudad, pero nadie quería
recordar sus abusos y ni siquiera su nombre. Ya en Documentos no muy
posteriores a la destitución de Lerma, la ciudad comienza a ser llamada San
Felipe el Real o Ciudad de Salta.
El
nombre del paraje, valle de Salta, era muy anterior a la fundación de la
ciudad y puede provenir del nombre de los indios saltas; o salla ta “peñas-lugar”;
o sagta “muy hermoso”; o sagtay “reunión de
lo sobresaliente”.
Acepciones que no se contraponen sino que enriquecen semánticamente el nombre
del lugar que ha sido asiento de muchas poblaciones nativas antes de la
llegada de los españoles, un lugar ubicado entre montañas, un valle hermoso
que se prestó para ser reunión de importantes transacciones comerciales y hechos
históricos.
OTRA VERSIÓN
Esta terrible historia que aparentemente explica el actual nombre de la
ciudad de Salta tiene sin embargo otra versión. Por esta otra historia el
Licenciado don Hernando de Lerma fue uno de los pocos hombres ilustrados que
llegó a las colonias, poseía un titulo universitario, era licenciado en
leyes; muy diferente en eso a los aventureros segundones y otra clase de
gente de dudosa reputación que pobló América.
Según algunos, don Hernando de Lerma enfrentó el poder de la Iglesia
con su poder temporal porque tal vez fue un marrano, o judío converso, y
trató de proteger a otros como él en suelo americano. Su conocimiento de
leyes lo hizo un adversario temible, por lo que la Iglesia se confabuló en su
contra creando versiones terribles sobre su persona. Las historias sobre su
despotismo y herejía se difundieron entre sus contemporáneos y en las cortes
de justicia hasta lograr su condena. Esas versiones fueron las que llegaron
hasta nuestros días.
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Origen y antecedentes de la Fundación de Salta
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Por:
Atilio Cornejo
1.- No se trata de un acontecimiento aislado la
fundación de nuestra ciudad. En efecto, después de la expedición de Almagro a
Chile - en 1536 - que siguiera las huellas del inca Tupac Yupanqui; de las de
Diego de Rojas en 1543 y de Núñez de Prado en 1550 al Tucumán y de las
posteriores de Francisco de Villagra (1551), Juan Pérez de Zurita (1558),
Francisco de Aguirre (1553), Diego Pacheco y otros, el valle de Salta,
actualmente llamado Valle de Lerma, fué considerado por las autoridades del
Virreynato del Perú y de la Real Audiencia de Charcas como un punto de
trascendental importancia estratégica y comercial.
Fué, sin duda, Francisco de Aguirre quién proyectó
fundar una ciudad en el valle de Salta, de acuerdo a su vasto plan trazado
respecto del actual territorio argentino. De ahí que el Virrey don Francisco de
Toledo en los nombramientos de Gobernadores del Tucumán a favor de Gerónimo
Luis de Cabrera (1571), Gonzalo de Abreu y Figueroa (1575) y Hernando de Lerma
(1577) los extendiera ``con la condición de fundar una ciudad en el valle de
Salta'', y en el sitio que mejor les pareciere, para contener a los indios
chiriguanos y calchaquíes. El mismo Toledo autorizó a Pedro de Zárate en 1575 para
fundar una ciudad `` en cualquiera de los tres valles, Salta, Jujuy o
Calchaquí'', fundándola seguramente en Campo Santo, bajo el nombre de San
Francisco de Alava siendo luego destruída por los salvajes. El oidor de la
Audiencia, Juan Matienzo, en 1556, ya se refería al valle de Salta en su obra
``Gobierno del Perú''.
Cabrera no cumplió con su compromiso, pero fundó la
ciudad de Córdoba; Abreu y Figueroa fundó dos veces la ciudad del Valle de
Salta en el valle de Salta, bajo el nombre de San Clemente de la Nueva Sevilla,
más o menos a la entrada de la quebrada de Escoipe, por Peñaflor, en el actual
Departamento de Chicoana, según lo comprueban documentos irrefutables que obran
en nuestro poder. Con anterioridad, Abreu fundó San Clemente en el valle Calchaquí,
reedificando la población que en ese punto hizo Zorita en 1559 bajo el nombre
de Córdoba de Calchaquí, próxima a la segunda ciudad del Barco fundada en 1551
por Núñez de Prado y más o menos cerca del actual pueblo de San Carlos. La
primera fundación de Abreu en Calchaquí fué destruída por los naturales y
reedificada en 1631 por el Gobernador Albornoz, bajo el nombre de N. S. de
Guadalupe. La segunda y tercera, asentadas en Chicoana, también fueron
destruídas.
Con anterioridad, en 1566, se echaron las bases de
una ciudad en Esteco y en 1567 la mandó fundar Diego Pacheco bajo el nombre de
N. S. de Talavera a 45 leguas al norte y a la misma altitud de S. del Estero.
En 1592 Ramírez y Velazco fundó Madrid de las Juntas, en la unión de los ríos
Piedras y Pasaje a 22 leguas de Talavera y 22 de Salta y en 1609 el Gobernador
Rivera despobló Talavera y Madrid de las Juntas y pobló la ciudad de Talavera
de Madrid a 3 leguas de Madrid, 25 de Talavera y 28 de Jujuy, ciudad que
comunmente es conocida por Esteco, en atención al paraje o provincia en donde
estaba situada y que, como es sabido fué destruída por los terremotos de 1692.
Recién en Junio de 1580 llegó Hernando de Lerma a
Santiago del Estero, como gobernador del Tucumán nombrado por el Rey en
noviembre de 1577, con instrucciones del Virrey Toledo y de la Audiencia, dadas
en 1579 y con la ``la obligación de fundar un pueblo en Salta''.
Después de algunas expediciones, Hernando de Lerma
por fin, fundó la Ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta el 16 de
Abril de 1582 y en el mismo sitio donde se halla actualmente.
En 1587 se intentó trasladarla bajo el nombre de
San Felipe de la Nueva Rioja y en 1588 se trató de su mudanza al río Siancas,
pero sin resultado.
Con el tiempo, se la conoce simplemente por Salta.
En 1792 se la declaró capital de la Intendencia de Salta del Tucumán y después
de la Revolución de Mayo pasó a ser la capital de la provincia de argentina del
mismo nombre.
Bien merecen recordarse, así como a Lerma, los
nombres del Virrey Toledo, de Francisco de Aguirre y de Gonzalo de Abreu,
precursores de la fundación de Salta.
2.- Como se verá, el nombre de Salta existía mucho
antes de su fundación y antes de la llegada de los conquistadores. No es una
palabra española, sino indígena, que indicaba el nombre del lugar y,
posiblemente, de una tribu. Es aventurado, entonces, afirmar en sentido
absoluto cual sea el verdadero significado de la palabra Salta, como lo
hicieran algunos al creer que viene de aquello de Salta para que no te ahogues
(Zorroguieta; M. Solá; Zinny); o de Sagta, que hermoso! (A. L. Dávalos; B.
Frías); etc., siendo en cambio un hecho comprobado que, en casi todo el norte
argentino y debido seguramente a la circunstancia del arraigo de los elementos
aborígenes y nativos, se conservaron los nombres de los parajes respectivos en
que fueron fundadas las ciudades por los españoles y nó la denominación que les
dieron sus respectivos fundadores. Tal sucede con San Felipe de Lerma en el
valle de Salta; Talavera de Madrid de Esteco; San Fernando de Catamarca; San
Miguel de Tucumán; San Salvador de Velazco en el valle de Jujuy; etc.
PUEBLOS ORIGINARIOS DEL NOA
LOS INVITO A LEER EL TEXTO A CERCA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS DEL NOA ..
http://www.portaldesalta.gov.ar/primeros.htm
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Primeros Pueblos
Originarios del Noroeste Argentino
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Los Apatamas
Este grupo indígena habitó la región conocida como la Puna y su área
de influencia abarcó desde el noroeste de la provincia de Jujuy hasta el
noroeste de Catamarca, comprendiendo a la provincia de Salta. Los casabindo y
los cochinoa , también de la Puna, estaban relacionados con los apatamas, lo
mismo que los atacamas del otro lado de la Cordillera, con quienes compartían
una lengua común, el cunza .
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Los apatamas recibieron influencias culturales de sus vecinos
diaguitas , calchaquíes , omaguacas y del Altiplano; fueron excelentes
agricultores que cosechaban maíz, papa y quinoa. Estos alimentos eran
almacenados en las paredes rocosas de los cerros, en los cuales practicaban
unos agujeros en los que los depositaban.
Trabajaban la piedra y la madera, fabricando palas, azadones y
cuchillos. Domesticaron la llama, que utilizaban como bestia de carga y de la
que también obtenían carne, leche, cueros y lana. Otra de sus actividades era
la explotación de las salinas, de las que extraían ladrillos de sal que luego
transportaban a lomo de llama hasta los distintos poblados, en donde los
trocaban por diversos productos, en especial, maíz.
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Al igual que los otros pueblos de la región, los apatamas aprovecharon
lo que su medioambiente les ofrecía y así construyeron sus viviendas
rectangulares con piedras y barro (pircas) y techo de paja, con una abertura
en la parte superior como entrada, a la que se accedía por medio de escalas
de madera. Es de destacar que los apatamas no poseyeron fortificaciones
(pucarás) como los omaguacas .
Vestían una túnica larga hasta las rodillas, que los españoles
llamaron "camiseta", de colores rojo o castaño; para combatir el
frío se cubrían con una prenda de lana circular con una abertura en el centro
para introducir la cabeza, llamada "poncho"; rodeaban su cintura
con una faja de lana y calzaban unas sandalias de cuero llamadas
"husutas" (ojotas). Se cubrían la cabeza con un gorro que tapaba
también las orejas y la nuca y se adornaban con collares, alfileres, vinchas,
brazaletes y pectorales confeccionados con hueso, plumas, madera y metal.
Pobres en la producción de cerámica, los apatamas desarrollaron una
gran habilidad artesana en el trabajo de la madera y la calabaza.
Los Omaguacas
Los omaguacas dieron su nombre a la región conocida como Quebrada de
Humahuaca, en la provincia de Jujuy. Su nombre, según fuentes españolas,
significaba "cabezas de tesoro" y comprendía a una gran cantidad de
tribus entre las que figuraban los purmamarca, los tilcara, los tumbaya, los
maimará, lo s jujuy, los puquile, los ocloya y otros.
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Lugar de paso obligado entre el Altiplano y los valles del noroeste
argentino, surcado por el río Grande, esta región fue una zona de conflicto
permanente, antes y después de la llegada de los españoles.
Mientras que el norte es seco y de clima puneño, el sur presenta un
ambiente subtropical con abundante vegetación y lluvias regulares. El río
Grande, en sus 170 kilómetros de recorrido da origen a los llamados angostos,
aprovechados desde tiempos inmemoriales por los pueblos indígenas dada su
feracidad.
Los omaguacas fueron principalmente agricultores de maíz y en menor
proporción de papa y quinoa. Practicaban la caza del guanaco y del ñandú, la
domesticación de la llama -de la que aprovechaban sus numerosos subproductos-
y la recolección de la algarroba.
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Su producción ceramista (de regular calidad) presentaba la
característica del fondo rojo con decoraciones en negro. Elaboraban grandes
cántaros de forma redonda y los llamados "vasos-timbales" de
notoria influencia altiplana.
Su actividad incluia la fabricación de armas como arcos, flechas,
boleadoras y hondas; trabajaban el cobre, oro, plata y estaño. Se vestían con
mantas y camisetas largas llamadas uncu; se cubrían con ponchos, usaban
ojotas, vinchas, brazaletes, anillos, pectorales, etc.
Sus viviendas eran rectangulares, de piedra, con techo de paja
inclinado, sin ventanas y con una sola abertura.
El carácter estratégico de la Quebrada de Humahuaca hizo de los
omaguacas un pueblo militarmente preparado. Para defenderse de las invasiones
diseñaron recintos fortificados de piedra, a los que denominaron pucarás y
desde los cuales combatían utilizando arcos, flechas, mazas de piedra y
boleadoras. Tanto incas como españoles experimentaron en su momento la
resistencia omaguaca.
Las parcialidades diaguitas que poblaron el noroeste argentino estaban
constituidas por los calchaquíes del norte, los cacanes en el centro y los
capayanes en el sur, grupos que tenían, entre sus características comunes, el
uso de la lengua cacán o diaguita . Fueron los más avanzados entre los grupos
que poblaron el territorio argentino y ello se debió fundamentalmente, a la
poderosa influencia incaica.
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Según las fuentes hispánicas, los diaguitas eran "altos y
fornidos"; vestían la típica camiseta de lana tejida adornada con
coloridos motivos geométricos. Calzaban ojotas y se adornaban con vinchas,
aros, prendedores, etc. confeccionados en metales como el oro, cobre (que
unieron con el estaño para obtener el bronce), piedra, madera, etc.
De los incas , los diaguitas aprendieron a cultivar en terrazas,
aprovechando de este modo las laderas de las montañas para producir maíz,
papa, zapallo, quinoa, porotos, etc. La aridez del terreno era contrarrestada
con el riego artificial, construyendo para ello excelentes canales y
acequias, técnica también tomada de los incaicos.
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Practicaban la recolección de la algarroba -fruto del algarrobo-, que
les servía de alimento y con la cual elaboraban bebidas alcohólicas, como la
chicha y la aloja. Lograda la domesticación de la llama, aprovecharon al
máximo lo producido por este animal, que constituia una parte importante de
la economía diaguita.
Las fuentes españolas mencionan la belicosidad de los diaguitas,
agrupados en tribus cuyos nombres han perdurado en la toponimia local:
pulares, tolombones, cahis, chicoanos, aimachas, quilmes, hualfines,
luracatos , etc. quienes opusieron una tenaz resistencia a la dominación
hispánica, conviertiendo en leyenda los nombres de caudillos como Viltipoco,
Juan Calchaquí, Pedro Colca, Pedro Chumay, Coronilla, Ultimpa, Chalemín, Luis
Enríquez y Martín Iquín , este último, curaca (jefe) de los quilmes , que
pagaron cara su derrota al ser deportados en masa hacia lo que hoy es la
provincia de Buenos Aires, dando un penoso origen a la actual localidad que
lleva su nombre.
Hermanos de lengua de los calchaquíes , los capayanes habitaron las
provincias de La Rioja y San Juan, en una región comprendida entre aquéllos,
al norte y los huarpes , hacia el sur, entre los valles de Famatina,
Sanagasta y Yacampís surcados por los ríos Colorado y Jáchal.
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Pueblo de agricultores, el capayán consumía maíz, zapallo y quínoa que
cultivaban en campos irrigados artificialmente por medio de canales y
acequias. Esta tecnología evidencia la influencia incaica, como así también
su vestimenta, la producción de tejidos de lana de llama y guanaco, la
metalurgia del cobre y oro. A los capayanes se atribuye el estilo cerámico de
Sanagasta o Angualasto caracterizado por sus decoraciones geométricas en
negro sobre fondo rojizo.
Pese a que el estudio de los distintos grupos indígenas de la
Argentina nos obliga a contextualizarlos dentro de un área geográfica
delimitada, ello nos puede llevar a la falsa creencia de que nos encontramos
frente a culturas fijas en el tiempo y el espacio. Nada más lejos de la
verdad, pues hay que reconocer que en tiempos prehispánicos la gran movilidad
de pueblos era evidente. Ejemplo de ello fueron los lules , agrupación de
cazadores-recolectores llegados en tiempos remotos desde el Amazonas
brasileño a la región occidental del bosque chaqueño. Desde allí, estos
belicosos nómadas tomaron contacto con pueblos sedentarios de cultura andina
en la zona de Santiago del Estero y Tucumán, como los tonocotés, a los que
hostigaban y saqueaban frecuentemente. Según fuentes españolas, los lules
practicaban la antropofagia y de no ser por la conquista hispana
"...hubieran acabado con los tonocotés..." afirmaba el padre
Barzana.
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De gran talla y esbeltos, los lules se alimentaban preferentemente de
los productos de la caza y la pesca, complementando esta actividad con la
recolección de la algarroba y miel de abejas silvestres. Utilizaban arco,
flechas, macanas y dardos arrojadizos. Habitualmente desnudos, solían
cubrirse con plumas de ñandúes, por lo que los españoles llamaron
"juríes" a estos indios en sus primeras crónicas del siglo XVI, ya
que esta palabra provendría del quichua xurí , nombre con el que los pueblos
andinos designaban a esas aves corredoras.
Por su parte, los vilelas , vecinos de los lules y culturalmente
emparentados, se diferenciaban de éstos en que habían adquirido hábitos
sedentarios, con una agricultura incipiente y cría de animales. De costumbres
más pacíficas, gustaban de la música y la danza.
Habitantes del centro-sur de la provincia de Santiago del Estero,
estos indígenas tenían -al igual que lules y vilelas - un ancestral origen
amazónico, pero estaban fuertemente influenciados por las culturas de origen
andino del oeste. Sedentarios y agricultores, los tonocotés se concentraron
principalmente entre los ríos Dulce y Salado, limitando al sur con los
sanavirones , al oeste con los calchaquíes y al norte y este con los dominios
de los belicosos lules.
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Cultivaban maíz, zapallo y porotos en terrenos anegadizos próximos a
los ríos, los cuales, después de las crecidas, depositaban allí una capa de
fértil cieno.
Sus viviendas circulares de ramas y barro presentaban la
característica de estar edificadas sobre lomadas artificales conocidas como
túmulos o mounds , agrupadas en aldeas rodeadas con empalizadas, para
protegerse del ataque de los lules y otras tribus del monte chaqueño.
Evidencia de su lejano origen amazónico está dado por ciertas
prácticas de caza, como el uso de dardos emponzoñados y la costumbre de velar
a sus muertos y guardar sus huesos en cántaros de barro.
Fuente: http://ar.geocities.com/damiancardozo/noa3.htm
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